Un buen indicador para calibrar la relación de fuerzas entre empresa y trabajador, la tenemos cuando visitamos portales web como por ejemplo, Infojobs. Busco y busco y no por gusto, sino por necesidad de encontrar algo con lo que pueda tirar para adelante, a trompicones; hoy aquí, mañana allá y mientras tanto en ningún lado; la rutina de siempre. Es moneda corriente encontrar que lo que se ofrece es, “alta en la seguridad social”, algo que no es ningún privilegio que nos ceden, sino un deber, pero que se presenta como lo primero. Incluso me he encontrado una ONG que “asegura un contrato de trabajo” a secas. Hay que joderse.
Ya incluso antes de la nueva Reforma Laboral nos vemos obligados a asistir a cursos de formación previa, normalmente de 40 horas que, por supuesto no están remunerados y son selectivos. Para ser teleoperador. Trabajos de 3 horas al día, de 9 a 15:00 “en principio”, o los clásicos con dos horas de partido que se suman al tiempo que te lleva llegar al trabajo. Intensificación y marginación del trabajo son los síntomas de un modelo que se agota en sí mismo. Los estudiantes que ocupan la Facultad de Derecho en Atenas, atinan con exactitud: “porque no eres tú quien pierde tu trabajo, sino es tu trabajo el que desaparece como posibilidad“
Antes de entrar
Que el trabajo desaparece como posibilidad no quiere decir otra cosa que, la sociedad estructurada alrededor del derecho al trabajo, está agonizando. Con la mundialización del capitalismo, la expansión económica ya no precisa de un Estado que asegure el consumo a través del Estado-Providencia. Las economías de escala indican que, cuanto mayor es la cantidad de productos fabricados, menor es el coste por cada producto. Así funcionaba la industria hasta mediados de los años 70. Planificar a largo plazo y almacenar stock en almacenes, se piensa para una demanda bastante homogénea y moldeable, sin grandes cambios en el tiempo. Lo llamaban la economía del Just in case. Si querían dar salida a sus productos dentro de este modelo de largo alcance, necesitaban una réplica a nivel de Estado que asegurara socialmente la viabilidad productiva.
Ya no es útil un Estado que administre y programe las vidas de los ciudadanos para asegurar la estabilidad y los proyectos industriales de las empresas. Ahora el Estado debe cada vez más, refugiarse en la seguridad personal pintada de colectiva y sobre todo en la defensa de la propiedad. Acento en el Derecho Penal. Más policía, con más margen de intervención en las protestas: Divorcio total entre la Sociología y el Derecho.
William Beveridge, implantó en 1910 lo que vendría a ser el sistema público de desempleo para dar cobertura económica y social, a aquellas personas que no disponían de un trabajo. Pero la lógica funcionaba exactamente al contrario que en la actualidad, aún pareciéndose en las formas. Trabajar de manera continuada y duradera en una misma fábrica, era un experiencia ajena a los obreros de la época. El nuevo espíritu del capitalismo que destacó Max Weber, el de la racionalidad de la economía, el cálculo, estaba ya dando sus pasos. Pero todavía, los mismos obreros que se sublevaban por la falta de trabajo, seguían orientados a una lógica de la necesidad y no tenían ningún interés en trabajar más horas para ganar más dinero.
El sistema público de desempleo se ocupó de ese vacío, abriendo el camino a dos opciones: empleado o desempleado, pero nunca más intermitente. La ética obrera por el trabajo fue socialmente construida, no por motu propio del trabajador. El obrero al principio no veía el trabajo en la fábrica como algo positivo, es que no le quedaba otra, estaba chantajeado.
Una lógica parecida es la que empleó Henry Ford en 1914 cuando decidió en aumentar el sueldo a sus trabajadores de 2,5 a 5 dólares, el conocido como el “five dollars day”. El relato popular afirma que lo hizo para que sus trabajadores pudieran comprar los coches que fabricaban, pero resulta ser mucho más complejo como demuestra Benjamin Coriat. El five dollars day tenía como objetivo romper con la insubordinación crónica y asegurar el aprovisionamiento de la fuerza de trabajo, ya que no existía derecho a la antigüedad. Controlar las condiciones de vida de la población obrera. Mujeres, menores de 21 años, o los que estaban menos de 6 meses en la fábrica no cobraban los 5 dólares. El fin último era racionalizar y establecer tiempos maquínicos a los actos dentro de una cadena de montaje.
Después de salir
El mismo William Beveridge sentenciaba en 1944 que un sistema de protección social exige una situación de pleno empleo. Esto tiene sentido en una sociedad que obtiene toda su riqueza del empleo. Hoy ya no ocurre de esta manera. Actualmente la protección social, los derechos, no pueden ir en el mismo paquete que el empleo. Por razones de exclusión social, pero también porque, la riqueza que generamos en sociedad y el tiempo dedicado al empleo, se han disociado.
En el mundo que hoy vivimos, la comunicación compartida socialmente es en sí misma, en su mero intercambio, base que genera riqueza. Antes el público dependía de la oferta que daba la empresa, ahora es al revés, la empresa no fabrica sin antes recopilar el conocimiento y a información necesaria. La empresa se adapta a lo que diga la sociedad e inventa formas de privatizar la comunicación social compartida y vender productos que estén pensados desde la óptica y el imaginario del público. Las redes sociales tienen mucho que ver con ese aumento en la dimensión comunicativa, tanto es así, que Twitter y Facebook generan ya, más deseo que beber o fumar. Producir deseo a través del deseo es la economía del tiempo real -Just in time-. Sobre este aspecto del público como actor, me remito al artículo, producimos más de lo que trabajamos.
Una somera comparación entre los obreros de principios de siglo y los precarios del siglo XXI, nos ofrece la posibilidad de entender como la centralidad de la batalla gira en torno a la gestión del tiempo. Los primeros obreros eran intermitentes porque rechazaban incluirse en el tiempo industrial, en el tiempo medible y cuantificable. No querían el tiempo que hacia del trabajo en la esfera pública, una forma de ganarse la vida, un imperativo forzoso que introducía al obrero en el ciclo de la sociedad salarial. Trabajar-consumir-derechos.
Los segundos, nosotros y nosotras, somos intermitentes y precarios porque sobramos y no faltamos como otrora. Seguimos ceñidos al modelo que acabó con el obrero intermitente para llenar las fábricas. Ahora no nos necesitan tanto en el empleo, porque la información y la comunicación son la base de la riqueza y esta no se puede reducir a un tiempo de jornada laboral, sino que abarca el tiempo al completo. Si el baremo oficial para medir la riqueza sigue siendo el trabajo y si nosotros seguimos soñando con el pleno empleo, no saldremos jamás del bucle de la precariedad y reforzaremos el neoesclavismo. El tiempo del trabajo pasará a ser una base miserable de la riqueza decía Marx en una tesis muy poco marxista.
Salgamos de aquí
No debemos sentir ninguna nostalgia del tiempo en que el Estado regulaba la economía, el socialestatismo o el welfare capitalism no volverá jamás. En cambio, la manera de enfrentar lo que tenemos encima, es ante todo una decisión política, una intención de hacerlo viable. No tenemos porque rechazar las palabras flexibilidad, ni discontinuidad en el trabajo. Precisamente, tenemos que construir alternativas sobre los mismos postulados que el capitalismo utiliza en nuestra contra para precarizarnos. Debemos darle un nuevo sentido al tiempo, al tiempo liberado por las tecnologías. Apostar por una gradual reducción del tiempo de trabajo sin pérdida de salario.
Por una renta garantizada que permita dedicarnos a lo que queremos y el trabajo nos impide. Renta como dominio sobre el tiempo, eliminando la rigidez de los horarios y estableciendo patrones autónomos acorde a nuestra necesidad. Adaptar el tiempo liberado a la vida y no a la empresa. Permitir que podamos formarmos, potenciar hobbies, diversificar horarios según nuestras necesidades como jóvenes, o como madres solteras, según nuestras intenciones de vida. Ante todo, liberar tiempo para liberar al ser humano y fomentar nuevas relaciones sociales, que a su vez, busquen nuevas filosofías de vida, cada vez más alejadas del beneficio y la especulación. Tienen razón los jóvenes griegos, no eres tú quien pierde tu trabajo. A saber cuanto talento nos estamos perdiendo fregando suelos, poniendo sonrisas, atendiendo el teléfono o buscando trabajo, para que unos pocos de la forma más paleta posible, nos parasiten la vida.
Los vagos son el 1% y nos deben pasta!






Buscas un paraíso que nunca existió y no sé si existirá algún día…Lo más parecido a tu propuesta fueron, a mi entender, los kibut en Israel que fracasaron por las políticas imperialistas llevadas a cabo por el Estado judío y los países del Norte de Europa (los llamados nórdicos) donde la socialdemocracia abrió un camino que desgraciadamente se cerró pronto…En cualquier caso, no está de más proponer, buscar, nuevos horizontes que sustituyan a un modelo , el actual, totalmente agotado.
Las utopías nunca son concretables, lo importante es que mucha gente se oriente para buscarla. Y eso si se ha conseguido en la historia, sino no hubiera existido el movimiento obrero e incluso la socialdemocracia. Hoy debemos imaginar otra utopía, la utopía del tiempo liberado y pensar desde ese punto de vista. Y a ver que sale!
Totalmente de acuerdo. La riqueza debe medirse en tiempo libre, no en dinero (que traduce más bien el tiempo esclavo). Hay un dato curioso y es que las sociedades neolíticas, con todos sus atrasos y falta de derechos, manejan grandes cantidades de tiempo libre. Si pudiéramos mezclar lo mejor de las sociedades democráticas e industriales con una mentalidad de cuidado a los miembros de la sociedad tendríamos lo mejor de los dos mundos. Hay que recuperar la noción griega de OCIO como propia de hombres libres frente a la mera diversión (que sólo sirve para descansar del trabajo). El Ocio tiene su fin en sí mismo, y sin él no hay invención, ciencia, política, filosofía, arte ni en general mejora de la humanidad.
jose luís sampedro dice (y estoy de acuerdo): otro mundo no es posible, es seguro!!!
De nosotr@s va a depender como será!
Tienes razón. Las jornadas de 5 dias a la semana, 40 horas no son por capricho. Chupan todo lo que pueden nuestra sangre para que no nos quede tiempo para ver que existe una vida mejor…la que uno se dá a sí mismo y no espera recibir del Estado ni de nadie.
En definitiva, hacer lo que a uno le gusta; sin eso la vida no tiene sentido ni merece ser vivida. Y han conseguido que lo veamos como una utopia.