Cuando Lluis Vives escribió en el siglo XVI su obra “Tratado del socorro de los pobres”, difícilmente podía imaginarse lo que estos días está sucediendo en el Instituto de Valencia que lleva su nombre. El tratamiento propuesto para solventar el problema de la pobreza, no tenía nada que ver con la intervención represora y repugnante de la policía sobre los y las estudiantes. Algo en lo que no está de acuerdo el secretario general del Sindicato Unificado de Policía -SUP-, José Manuel Sánchez Fornet, cuando afirma que no hubo carga policial, ni insultos o patadas. No contento con negar la realidad, verificó su indigencia mental al dedicarse a insultar a los Twitteros que recriminaban la actuación policial contra los estudiantes. Este es el secretario y por twitter, que no harán los que llevan porra y en la calle.
El gobierno del Partido Popular entiende que frente a la degradación del bienestar social, la única respuesta para afrontarlo, es pegar,multar, hostigar: sembrar el terror entre la población para asegurar la estabilidad de los poderosos. La valentía y dignidad que muestran una y otra vez los estudiantes valencianos, debe ser aplastada, demostrando así, que no piensan ceder ni un ápice en las medidas impuestas por la casta parasitaria del 1%. Es un mensaje a toda la ciudadanía que se manifestó el 19F, a la marea verde, al 15-M y en definitiva pretenda desestabilizar lo más mínimo los planes de la dictadura de la austeridad.
Han optado por una estrategia a la inversa de la que normalmente se aplica, al verificar que no se puede aplicar la típica. En lugar de hacer ver que “eso es cosa de radicales” y provocar que acudan “los de siempre”, para repartir leña sin más escándalo, prefieren ampliar el abanico de lo indeseable a todo el que se mueva. Están convencidos de que el miedo puede más que la rabia, sobre todo cuando quedan 4 años de legislatura y todo se puede “olvidar”. Total, si al final generamos empleo neoesclavista, hay millones de espamemos que además nos darán las gracias. El resto, a joderse. Si el franquismo no nos pasó factura, no lo hará la represión policial. En cuanto haya dinerito negro dando vueltas ya no se acuerda nadie. En nosotros y nosotras depende que no sea así.
Que nadie se engañe, salir de la crisis, es naturalizar el servilismo, siempre cada vez más extremo, con menos derechos. Si tenemos que ir a Laponia como dice la CEOE por 600 euros, con 2 horas de partido, serás un afortunado. Si te quejas un ¡desconsiderado! que no es sensible con la situación de crisis. Para los esclavizadores es inconcebible no aceptar un puesto de trabajo si estás cobrando el paro; deberían quitárselo al momento en tal caso. Seguramente muchos de los que, impregnados por la ideología del trabajo aplauden este tipo de medidas, se olvidan de que la prestación por desempleo no es sólo un derecho, sino también -según que caso-, un mecanismo para al menos, vender más cara tu fuerza de trabajo. Cuanto más facilidad tengan los empresarios a la hora de chantajear al trabajo, más deberían escapar nuestras demandas políticas del empleo. Por ahí no se ve el final del túnel.
Abandonemos toda ilusión de que volverá el “trabajo estable” o “digno”, eso es hoy una quimera. Hay que hacer bandera, precisamente, de los mismos puntos de partida que utiliza el capitalismo para darse una imagen de transgresor y dinámico. No tenemos porqué renunciar a querer ser flexibles, o tener un empleo discontinuo. Hacer de nuestra miseria del presente, una riqueza de lo posible. Reducción gradual del trabajo directamente empleado, reparto del existente, renta básica garantizada: trabajar menos para trabajar todos sin reducción de salario. Menos empleo con renta garantizada es sinónimo de una sociedad más productiva, más inteligente y talentosa. Sólo quien continúa obcecado en que trabajar más significa vivir mejor, o que trabajar conduce al triunfo social y quien no lo consigue es culpable, estará horrorizado ante semejante ofensa a la arquitectura mental de los últimos 150 años.
Nuestra biografía no puede seguir dominada por el empleo que funciona como un embudo; se tenga uno o no se tenga. Al contrario, es el trabajo el que debe formar una pequeña parte de nuestra biografía, siempre en retroceso y empezar a repartir una riqueza, que para ser generada necesita cada vez de menos empleo, pero siempre más sociedad. Debería empezar ya una privamera contra el régimen del miedo, la estafa y que no pare de florecer. Nos están engañando. Los estudiantes del Instituto Lluis Vives ya se han dado cuenta, por eso les pegan con tanta saña.





